Ese
extraño misterio de revelar su identidad. “Dos amantes se tiran de la
azotea del Hotel Tepic” se leía en el encabezado de una breve policíaca
del periódico matinal “La verdad” (esa estúpida necesidad de los
periódicos de legitimizar su trabajo con un nombre pomposo y abarcador
que, como ironía sutil, terminan siendo lo antagónico a su nombre:
véase: Expreso, El Imparcial, La Razón, Vanguardia -fascista-, Milenio, El Universal -y sólo publica notas locales y nacionales-).
En el cuerpo de la noticia, el reportero Álvaro Samaniego, escribe que
los trágicos enamorados respondían al nombre de Humberto Villa y Marcela
De preville, ésta última de nacionalidad francesa, y que fue el primer
gran detalle de una cobertura mediática poco antes vista en la ciudad,
como si el ser francesa-no sólo extranjera- diera un gran empaque. De 26
y 20 años, respectivamente, y que según los primeros reportes de las
autoridades, saltaron voluntariamente, es decir, “un suicidio
voluntario”, finaliza estupidamente la breve policiaca con alguna cita
del comandante municipal.
Con los días, se fueron filtrando a
la prensa y por ende al público, ávido de crear teorías, cada una más
deschabetada que la anterior, detalles ensordecedores y paradójicamente
más tiernos de la pareja difunta ya célebre.
El 20 de diciembre
salió la primera entrevista al padre de Humberto quien reconoció el
poco contacto que mantenía con su hijo-huyó de casa a los 18 años- y con
cierta sorna, señaló que siempre había tenido algo “raro”. Desconocía a
Marcela.
Fechado el 22 del mismo mes y firmada por el propio
Samaniego, la nota principal de “La verdad”, era que se había dado a
conocer la carta de los dos suicidas, la cual era practicamente ilegible
por lo que se había contratado a especialistas de la capital para que
la descifraran ante la presión de la embajada francesa.
Samaniego contextualizaba (con poca pericia, eso sí): “La embajada
francesa impulsada por la familia De preville han metido presión al
gobierno mexicano para que resuelva un caso que tiene tintes de esconder
más de lo que se ve a simple vista”.
Ese mismo día, en la
página 4A del diario vespertino “El Diario”(valga la redundancia y la
creatividad), había una extensa cronología de los sucesos macabros y
temerarios en los que se había visto inmiscuido dicho el Hotel Tepic. El
primero, fue en 1994, cuando el 2 de enero se encontró a un influyente
hombre de negocios muerto a tiros en el cuarto 312 de dicha residencia.
Seguía con suicidios, matazonas, orgías de supuesto orden ritual para
terminar en el suicidio de los amantes trágicos.
Toda la ciudad
tenía su opinión: Asesinato, cortina de humo (Chupacabras, Paulette,
etc.) para desviar la atención a la mentada de madre que nos han hecho
con la reforma energética, drogadictos, amantes pasajeros, crimen
pasional, conspiración judeomasónica y la lista, De preville era el
santo grial, y una lista interminable.
La embajada francesa y
la familia de la mujer suicida finalmente desistieron un poco ante la
ineptitud de la burocracia nacional y emitieron un comunicado que
destilaba resignación e impotencia contenida donde informaban que
confiaban, pese al mal nombre internacional, en los órganos de justicia
mexicana.
¿Qué había que dilucidar? ¿La carta ilegible que
resultó ser un manifiesto firmado por O'Gorman o Le corbusier (el cuervo
en francés)?
El reportero Samaniego fue el primero que tuvo
acceso a dicho documento debido a su insistencia y perseverancia.
Incapaz de darle sentido, decidió acudir con algunos eruditos de la
ciudad. El resultado de estas entrevistas y divagaciones culturetas se
leen el 9 de enero.
“Poco a poco el caso Villa-De preville va
encontrando sentido. La carta encontrada y firmada por ambas con los
seudónimos de Le Corbusier y O' Gorman no son nombres al azar, sino
personajes emblemáticos en el campo de la arquitectura”.
Le
Corbusier fue uno de los pilares del funcionalismo, el movimiento
arquitectónico que primaba la función a la estética y en el cual se
basaron las unidades habitacionales de la capital. Le Corbusier (el
cuervo en francés) teorizaba acerca de que una vez que el hombre se
encuentre en “La máquina de vivir” diseñada por su movimiento,
encontraría la belleza, dado que todo tenía un objetivo. El ideólogo
francés, pintor y de caracter evangelizador, entendía que una obra en la
arquitectura tenía que tener una función y cumplir con ella lo más
efectivo posible. Su máquina de habitar estaba dominada por estructuras
limpias, sin ornamentación alguna. Y aquí viene lo interesante, falleció
en el Senna después de ir a nadar, actividad que tenía prohibida por su
doctor debido a su condición cardiaca.
O'Gorman, en cambio,
fue un arquitecto mexicano que gozó de buena salud hasta su suicidio en
medio de la transición dicatorial del partido nacional, a la dictadura
del libre mercado. Ganador del Premio de las Bellas Artes en 1972,
O'Gorman poseía una inmensa reputación por su visión metafísica dentro
de la arquitectura y sus pinturas que simulaban ser imitaciones del
feísmo de Orozco. Principal funcionalista-alumno destacado de El Cuervo-
en México, O'Gorman galopaba a medio camino entre el pragamtismo de la
máquina de vivir y el organiscismo trascendental de MF Wright, que
abogaba por una sinergía del poder del hombre-tan violento y posesivo en
el funcionalismo que quería demostrar la superioridad del hombre sobre
la naturaleza- con su entorno.
O'Gorman falleció después de uno
de los suicidios más célebres de la historia-el mejor planeado según la
revista Literary Review de la Gran Bretaña, seguido del suicidio de
Novalis-: quemada gran parte de sus obras-por accidente o no-, el
arquitecto mexicano decidió quitarse la vida en su ático de Polanco, en
la Ciudad de México. Para ello, se disparó en la cabeza, se envenenó y
se colgó, todo a base de una máquina de matar, ideada por él mismo, y en
contraposición a la de Le Corbusier.
El reportero Samaniego,
siguió escribiendo acerca de los trágicos amantes aunque cada vez se le
destinaba menos espacio en su periódico. De Preville y Villa, de ser los
Romeo y Julieta posmodernos, pasaron a ser sólo una pequeña anécdota
que inflamaba el halo de misterio y tragedia que envolvía al hotel
Tepic.
Tampoco ayudó que la familia Villa no quisiera saber
nada de la historia de su hijo-ni siquiera reclamaron los restos de
Humberto- y que la embajada francesa desistiera en sus comunicados y en
esa leve presión internacional. La última nota de Le Monde está fechada
el 17 de enero y se trata de una bella esquela que contiene un verso de
Theroux, poeta místico de fines del siglo XX.
Samaniego, en compañia de un pasante, lograron recrear las últimas horas de Marcela y su Romeo tropicalizado.
“El amor”, escribe Samaniego en su libro “Antes de saltar, ámame”
publicado 8 años después del suceso y que tuvo una parca respuesta, “es
un misterio insondable. Marcela y Humberto fueron amantes alrededor de
un mes, tiempo suficiente para descifrar que el lazo sagrado y
misterioso que los unía eran las ganas de abrazarse hasta la muerte”.
Y continúa: “El amor se amolda a todo. Humberto amaba a Marcela.
Marcela amaba a Humberto, tanto así que en su última mirada, sólo
observaron al cielo alejarse. Allí reside la condición más pura del
amor, en rechazar al paraíso”.
lunes, 24 de febrero de 2014
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