miércoles, 25 de noviembre de 2009

El día que te cases



Pensar que escribes con k`s, que dices malas palabras, que cuando sonríes muestras tus encías. Que cuando sudas se te forman esos círculos debajo de tu axila; que escribes mi nombre con h, que tienen un bigote apenas visible.

Que te gusta usar bandas en la cabeza, que tus manos son demasiado anchas, que casi no tienes nalgas y que cuando usas pantalones a la cadera, tu silueta parece más de un flamenco que de una mujer. Que marcas mucho la erre y que la ch la pronuncias como si tuvieras sueño, como algo suelto, como sh. Que eres la única que me ha callado, que cuando te explico el porqué soy más ateo que católico me dices que tenga fé. Que me odies cuando escucho jazz y me ames cuando te llevo un tulipán o alguna de esas flores exóticas que coleccionas.

Te desprecio cuando usas pantalones cortos, cuando usas pulseras sin saber por qué o que hables con hombres. Te detesto como detesto el día que a tu mamá se le ocurrió tenerte cuando me dices que no me amas. Odio cuando no me miras, cuando no me tocas, cuando de repente tus silencios me ahogan y me incitan al suicidio. Odio que te vayas a casar, odio que alguna vez insinuaste casarte conmigo.

Quisera desaparecerte cuando me decías que tuviste algo que ver con aquél idiota de Chihuahua o cuando me pediste que no te dedicara la canción de Fobia y que preferías una de camila. No encuentro las palabras para describir mi recelo cuando me llamaste a las 3 de la mañana para que fuera por ti a la casa de tu prometido. Cuando tu mirada se pierde en ese mar de ideas sociales yo me siento desvanecer de este mundo, porque yo sólo existo cuando tú me piensas, cuando me evocas y tú sólo existes cuando yo te necesito.

Eres mi necesidad más absurda. Te encuentro miles de defectos, desde tu respirar y tu caminar hasta tu más secreto pensamiento. Cuando me dices lo terco que es tu padre y lo idiota que soy yo, cuando te regocijas en la belleza de tu perra y en la fealdad de todos los gatos, cuando te tiñes el cabello y cuando me besas y no me muerdes. Odio que me muerdas, que me trates como a una posesión tuya, como alguien sin voluntad ni derecho. Odio que uses escote y que tus senos no sean redondos, te odio cuando me dices que traes tanga, te odio profundamente, odio que pienses por mi, que me digas qué soy, cómo soy y por qué soy.

Te odio toda. Te necesito. Te mato, te hiero y me hieres, te digo que eres mi vida, mi mundo, mi universo. Te lamo, te saboreo y te dejo desnuda en aquella cama de hotel barato, te siento arriba de mi y te deseo, pienso mil segundos todos los juegos macabros que te quiero hacer, dejarte marcada, horriblemente, tatuada con mi marca, a hierro caliente, que siempre niegues que fuiste mía, que desaparezcas una noche desnuda y que nunca vuelvas. Quiero hacerte un fantasma, una emoción pasajera que llevaré conmigo el día que me tire de cabeza.

Todo esto hago para no acordarme que hace mucho te perdí, que en un mes escapas de mis recuerdos y que ya existirás en otros recuerdos y no en los míos. Tanto odiarte para terminarte amando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario