sábado, 7 de noviembre de 2009

I

Escapó de allí en silencios mal diseñados. Se dijo a sí mismo lo fácil de la misión y caminó en esa envolvente oscuridad hasta que su rastro se desvaneciera por completo. Mientras caminaba por ese sendero de polvo y penumbra observaba las estrellas y la eternidad de un mundo que murmullaba sus secretos y que-pensó él- podía delatarlo si así se lo proponía.

-El universo es un diálogo moral de seres afincados en la quietud-se susurró mientras subía un pequeño montículo de tierra. Entrecerró sus ojos para tratar de diferenciar el cielo de la tierra; sin efecto alguno. Volvió a pensar de donde se escapaba, la prisión finita y enquistada en una podredumbre palpable a tal punto de que llegó a vomitar del tedio de la rutina diaria a la que sometían a los presos, uno a uno. Cada minuto planeado, cada acción premeditada y cada consecuencia calculada.

- La putita de Mónica ayer no quiso que me la apañara, andaba calentando nomás- recordó con desazón, cuando estaba oyendo en pleno discurso del invitado traído por los jefes de la prisión. Uno de los pocos placeres a los que tenía derecho. El otro eran los libros que de vez en cuando caían en sus manos o las horas de las visitas, donde el sexo o el visionado de películas lo mantenían cuerdo.

Caminó cerca de tres horas, cuando paró, notó pequeñas gotas de sangre, dispersas, en los hombros de la camiseta, recordó haber trepado pero cuando se revisó no había ninguna herida o rasguño. Quizá así ya estaba-se tranquilizó. El mismo paisaje que cuando subió a aquél montículo. La más desesperante nada, una nada desértica en adornos ambientales o naturales. Ni siquiera los postes de teléfonos, alguna luz, o algún rastro de carretera. Nada.

Su mente volvió a la prisión, no podía dejar de pensar en ella. Quizá lo cobarde fuera huir de allí, no por nada nadie le había seguido en la propuesta. Recordó las caras de alarma de las personas a las que les comentó la idea. Se sentó en ese suelo inestable y recordó las misas a las que los obligaban a asistir, ritual simbólico y sintomático de la aburrición eterna.

Decidió dormir.

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