Enloquecí cuando me dieron los papeles. Cáncer de pulmón. 23 años. Mis pulmones estaban tan jodidos como los griegos. Jodidos en el presente y aún más jodidos en el futuro. Crédito de vida con intereses. Escuchaba a Sabines. Su poema "espero curarme de ti". ¿Qué más podía hacer? pensé en tener sexo pero demandaba ejercicio físico, agitación total que me llevaría al abismo de la muerte. Fumar y escribir. Esa era quizá la única posibilidad que tenía. Ni que fumara tanto. Había en mí instintos suicidas, homicidas; perversiones horribles y absurdas. El mundo se volvía silente, yo me convertía en egomaniaco. ¿Qué podía hacer? sólo me quedaba renegar de dios, adoptar el nihilismo como forma de vida, todo es una mierda.
23 putos años. Ahora escuchaba a Waits, la historia de los perdedores con vidas largas, más largas de lo que ellos mismos quisieran. Allí van, instintos suicidas y homicidas. Ver desfilar los temores ¿qué temores? Todos se despiden imaginariamente, no hay tristeza, hay alivio. Mi papá y mi hermana, aliviados de ya no soportar al mitómano que desaparece una noche en medio del bullicio de una borrachera. Ella tampoco me extraña, es más, ni siquiera se despide. Sus palabras quedan calendarizadas. Analicemos: "Te quiero, pero me cansas". Adios sin contemplaciones. Me iba a morir. No le dije a nadie, las palabras se convirtieron en signos inexplicables, en fonemas sin sentido, en abortos intelectualoides. Sólo podía decir adios. Adios papá. Adios hermana. Adios Sofía.
No di oportunidad a respuestas. Hubieran sido rituales hipócritas. Ahora sólo hablo con Dios, más que nada para derrotarlo dialécticamente, regocijarme en su entramado de silogismos bastardos. Me quitaste a mi mamá, grandísimo hijo de puta. Me hiciste a tu imagen y semejanza y esta es la consecuencia lógica. Qué ironía. Como último vicio me queda el cigarro, destrozarme a base de nicotina. El alcohol me aburre, me gusta decir dipsómano pero no tengo la fortaleza para cumplirlo. Mejor fumo. Tosí sangre. Estoy en mis días, digo. Mi piel es pálida. Soy Michael Jackson, contesto. Toso más sangre. Mi vida se desvanece...la eché a perder. Te amo Sofía. Te amo mamá.
Dios, lo escribo con mayúscula.
martes, 14 de febrero de 2012
miércoles, 1 de febrero de 2012
Nos reímos. Momentos después la despedí. Sin besos, sin abrazos. La despedí con una mirada de ternura, casi compasiva. Ella, atónita, me vió con ojos perdidos, con un aire de saber el futuro y que ésta, era nuestra última vez.
I
Superamos los deslices que la carne te da. Que los cuerpos bailando en la oscuridad, ansiosos de rozarse el uno con el otro proveen. Nuestra intimidad era atlética, las bisagras de los brazos y las piernas se desgastaban, los gritos y los jadeos culminaban en su punto álgido. Y luego, tumbados en la cama que parecía ser otra dimensión las palabras se veían engullidas por el silencio del cansancio, por la muerte de los deberes morales. Con nosotros-al menos en el mero acto sexual-, no existía un Neruda, un Baudelaire, un Benedetti, un Frost que le pusiera palabras al deseo. No había tribulaciones verborreicas, ni versos ensimismados. Era una fuerza casi troglodita, la pasión nos convertía en simple materia, en hedonistas de tomo y lomo.
I
Superamos los deslices que la carne te da. Que los cuerpos bailando en la oscuridad, ansiosos de rozarse el uno con el otro proveen. Nuestra intimidad era atlética, las bisagras de los brazos y las piernas se desgastaban, los gritos y los jadeos culminaban en su punto álgido. Y luego, tumbados en la cama que parecía ser otra dimensión las palabras se veían engullidas por el silencio del cansancio, por la muerte de los deberes morales. Con nosotros-al menos en el mero acto sexual-, no existía un Neruda, un Baudelaire, un Benedetti, un Frost que le pusiera palabras al deseo. No había tribulaciones verborreicas, ni versos ensimismados. Era una fuerza casi troglodita, la pasión nos convertía en simple materia, en hedonistas de tomo y lomo.
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