Se levantó y vió la imagen de la ventana. La radio se había quedado prendida y sonaba From the Ritz to the rubble. El aliento era una pérfida mezcolanza de tabaco, mota, whiskey barato y leche. Detestaba la leche. Vomitó al pensarlo.
-Puto día- dijo con desgana. En su cama había dos cuerpos descompuestos y por ende, etéreos. Encendió un cigarro que se había apagado a la mitad y coqueteaba peligrosamente con un charco de vómito. ¿Cómo llegué aquí?-se preguntó mientras inhalaba. Se puso de pie, volvió a vomitar. Supuso que estaba en un departamento, desconocía de quién era. El lugar era horrible en términos de estética. Las paredes eran de un café muy vivo, los sillones eran negros y el mosaico era azul marino dándole una sobrecarga de colores oscuros. Lúgubre. Se quedó mirando a la pareja que moría en la cama. Las sábanas amarillas-probablemente por la orina- apenas y cubrían los senos de la mujer pero no al pene del hombre.
Recordó que ella se llamaba Laura. Coño, qué feo nombre...y qué feo coño. Eso sí, su cara era bellísima. Quizá el que tuviera los ojos abiertos sin pupila le concedían un aura mística, como de virgen. De la comisuras de sus labios salía un poco de baba. Movió un poco de la sábana para ver los senos. La areola era de un rosa tierno, sin embargo el pezón tenía un color ópaco y de apariencia rugosa. Tocó. Sí, como una lija. La volvió a tapar.
Estaba muerta. Su cuerpo tomaba un gusto adicional. El hombre probablemente había entrado en coma. No importaba. Se puso a cocinar pan francés.
He makes examples of you. Jo, pensó- el punk ya no es lo que era. Y eso que le gustaban. Comió con infinito placer. Las sombras del departamento invadían todo. Era hora de irse. Se bañó, se cambió. Se sentó en la cama. Tuvo que mover a Laura y a su amante. Se peinó.
Adiós Laura, adiós wei con el pito chico. Y se marchó.
miércoles, 4 de agosto de 2010
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