No he podido entender su universo, siempre lo he intentado pero nunca he podido. A veces me siento como un personaje suyo, lleno de pequeñas anécdotas sórdidas en un mundo al que no le intereso(en realidad al mundo no le importa nadie, ni él mismo). Pero sólo a veces, porque jamás podré ser un Ulises Lima, un Arturo Belano. Si acaso me acerco a García Madero pero sin el talento ni la sensualidad ni el carisma.
He de decir que cuando leí El Gaucho Insufrible me dejó frío, como si acabara de presenciar el desbaratamiento de cadáveres literarios. Cuando leí su manifiesto infrarealista me pareció pretencioso pero cuando acabé Los Detectives Salvajes(que nuevamente lo estoy releyendo) me quedé en un estado perpetuo de inanición donde la sorpresa se incrusta en el fondo del alma(si es que acaso hay una) y no sale, y peor aún invade todo lo demás por metástasis.
Su pasión por la literatura perdura en esa cosa que llamamos tiempo y su ausencia no hace más que acrecentar la nostalgia de ese estilo transvanguardista(por citar a Sergio González) de un intimismo agobiante, casi mortal o suicida que no deja que los pasajes del libro fluyan sino que los recopila en una cuenta infinita de situaciones que dan la apariencia de estar interconectados. Y puede ser que Bolaño quisiera contarnos todo, y en el todo uno encuentra, por lo general, las pesadillas del autor que sin darnos cuenta son las nuestras, nos apropiamos de ellas, las maquillamos y les ponemos una etiqueta sin nombre, solo con un permiso para que nos mantengan en un vilo desesperado, inconsciente.
La autoreferencia de Bolaño en cuanto al panorama literaria se siente a cada letra pasada por la vista, la rebeldía interminable y caótica, el viaje en espiral, en un bucle eterno destapando al infierno y al paraíso, a las maravillas y miserias terrenales.
Al final todos somos personajes de Bolaño, prendiendo un cigarro y divagando por los diferentes cielos, buscando algo o alguien(sería indescifrable) y sin una sola respuesta, tomando café con leche en un cuchitril de mala muerte hablando de los silencios rulfianos(aceptados) o rimbaudianos(buscados) mientras bien en el fondo, todos esperamos el silencio de muerte.
miércoles, 16 de marzo de 2011
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