Esa noche me debatía el tipo de música que quería escuchar. Era cerca de la medianoche y estaba nublado(no llovía ni iba a llover). La calle estaba vacía, ni una presencia, ni siquiera sombras adornaban ese desierto urbano, burgués. Mis opciones eran Chet Baker y Bill Evans. Coltrane era demasiado enérgico, demasiado caótico. Davis era demasiado melancólico, capaz de arrastrarte a lo más oscuro. Por eso Baker y Evans. El primero si bien daba pie a que te rompieras, era un escalón más abajo que Davis. Y Evans, en un prejuicio idiota, no tenía la fuerza necesaria para vencerme.
Elegí a Baker: Almost blue fue la primera canción que puse.Iba a tono con el color de la noche y su soledad infranqueable. Y me acordaba de ella mientras encendía un cigarro. A ella no le gustaba que fumara, era lo único que alguna vez me criticó. Y fue más una necesidad.
Dejé de fumar por ella, ahora saben que ya no está conmigo. Me abandonó un día, encerrada en silencios pasivos, como si yo no hubiera existido. Cuando uno es feliz no sabe que lo es. Eso me pasó a mi. Tenía la certidumbre que algún día ella me dejaría y eso no me dejó disfrutarla. Supongo que esa es la razón por la que me dejó. Y aunque suene a contradicción, también es cierto que el amor tiene fecha de caducidad.
Me acuerdo de todos los momentos que pasé con ella, están fiscalizados día a a día, beso a beso. Su desnudez, los gestos que tomaban un cariz único cuando su cuerpo los hacía. Hasta sus palabras. Y pasa algo raro, naturaleza humana le podemos llamar si así me permiten; los añoro a todos. Lo que antes me parecían pláticas insustanciales, hoy me fascinan por su complejidad.
sábado, 10 de septiembre de 2011
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