jueves, 22 de diciembre de 2011

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Quería escribirte la mejor carta posible, que rompiera con el tiempo; no, que desgarrara el tiempo cada vez que la leyeras-porque al final tú eras quien controlaría eso- pudieras explicarte los momentos nuestros del pasado, del presente y del futuro. Pero no puedo, no tengo ese talento así que me puse condiciones más factibles, incluso vulgares: por ejemplo, no decirte en toda la carta lo mucho que te quiero-y al parecer ni eso pude cumplir- por creerlo un ejercicio de repetición que en algún momento te va a cansar y a mí también. Otra de las condiciones es no dramatizarla. He descubierto que tengo una tendencia natural a hacer trágico lo cotidiano, a hundirme en una miseria que no es mía y regodearme en ella, es mi forma de ver la vida. Supongo que por eso tú eres la persona que más admiro, porque eres y representas todos esos detalles desconocidos para mí, como el caminar por el centro e ir comprando dulces-gusanitos y ese chocolate gringo de bombón-, o el esperar un camión y verte correr como el Pato Lucas(eso me recordaste ese dia), con tu risa estallando ante mi mirada.

Me gusta la forma en la que enredas las palabras, las cambias y las haces que se enfrenten a sí mismas, me gustan los mensajes escondidos que dejas en tus miradas y en tus gestos, esos mensajes que quizás sean inconscientes, pero que te hacen ser la mejor amiga que podría tener en este momento. Para serte sincero, y esto nunca te lo he dicho, estoy bajo medicación por depresión médica, no tengo la menor idea de por qué te lo digo, menos en una carta-quisiera cumplir esa segunda condición que me auto impuse pero creo que no podré-. La verdad es muy sencilla, siempre lo ha sido: eres como un remedio natural para esa cosa mía que los doctores se empeñan en llamar enfermedad. Contigo supe que había un mundo diferente cada día y por eso te estoy eternamente agradecido.

El sábado que fui a verte tenía que decirte muchas cosas, quería contarte lo de mi hermana, quizás romperme un poco porque tenía la certeza que tú me ayudarías. Y sabes qué, el verte me hizo calmarme y me dió fuerzas para lo que sea que pase. Por eso te molesto tanto. Prometo no hacerlo ya. Toda mi puta vida me he familiarizado con las despedidas, es en lo único en lo que soy bueno, dotar a las ausencias de un sentido que, muchas veces, va más allá de la realidad. Supongo que eso estoy haciendo ahorita, despidiéndome de ti. Cuando me despedí de mi mamá, yo fui quien la vi morir, le dije que siempre estaría jugando con la presencia de su ausencia. Creo que es más o menos lo mismo contigo.

Me hubiera gustado vivir contigo aquel verso de Sabines que decía "Y escribirnos y hablarnos y morirnos". Pero creo que es lo que acabo de hacer. Qué horrible carta.

Te deseo lo mejor, espero que nunca cambies. Te lo digo de corazón.

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