miércoles, 14 de abril de 2010

The man who follow

No se puede vivir siempre en el presente, te dice con su sonrisa lacónica. Asustado, intentas no mostrar inseguridad. El aire está enrarecido con su presencia, no maligna pero sí tétrica. Lo ves con su aspecto famélico, puedes adivinar las cuatro costillas resaltadas sobre sus costados yendo y viniendo a cada respiro. Escuchas el silbido mórbido cuando inhala el aire. Los lentes bifocales le conceden un aspecto natural de alguien que vive en las bibliotecas públicas.

Te dice con voz que parece retumbar en las esquinas del cuarto adyascente que siente mucho lo que ha ocurrido, él no esperaba darse a conocer bajo estas circunstancias. Notas una cierta ternura en sus palabras, como sestea cada palabra, como el de un abuelo hablándole a sus nietos. Le hablas con silencio, con los gestos de algien o algo-no sabes lo que eres- que parece difuminarse en las tinieblas de ese cuarto siempre y nunca conocido.

No te reprocho nada, ni siquiera cuando te metiste con mi hija, no había otra, escuhas con lejanía. Tu mirada se contrae, empiezas a recapitular, sólo te has acostado con una mujer, Carla. Carlita para los amigos, Carlota para ti. Juegos de posicionamiento. Nunca nadie como Carlota, la mujer que murió loca esperando el renacer del tiempo para encontrarse antes del fusilamiento con su amado. Olvidas que estás de frente con lo que aparentemente es su papá. Señor, tartamudeas, no, n- no o, quise hacerle nada a su hija, se-se, le-lo juro.

No tienes de qué disculparte, te interrumpe violentamente, son los castigos del azar. Aparte, yo vengo de más atrás. Del pasado que aún era presente. Se quita la chamarra café que huele a humedad, jala una silla que tiene la pata derecha trasera más corta y se sienta. I belong to your world, susurra. Tú no entiendes nada de inglés. Hace frío y no te explicas porqué se quita la chamarra. El polvo te hace toser.

Uno de los soliloquios más famosos es el que le dijiste a aquélla maestra tuya ¿recuerdas?, Esther
Estrella, lo puedo recitar si quieres. Estabas en segundo de prepa. Haces un esfuerzo-inútil ya- por rememorar ese tiempo. Antes notas el pelo casposo de tu vigilante. Dilo, retas.

Se acomoda los lentes y grita un potente AHHHHH. Te asustas y crees haberte orinado. Siempre has sido un pacifista por necesidad, que en realidad es cobardía, se burla de ti. Entona su garganta y su voz parsimoniosa se transforma en ondas de sonido. La verdad, maestra, es que no entiendo como alguien se puedea llamar Esther Estrella, es una pleonasmo digno de oaxaquitas zapotecas llegados en burro. Es una verdad incontestable, lo exhibe en su color de piel, en su olor, en su caminar. Aquí es solo una chacha más venida a más por una carrera cursada en el ITH o en alguna universidad de poca monta.

Eras muy bueno con la violencia verbal, nadie como tú para hacer sufrir a las personas. Después de eso, perdiste tu sombra, imaginariamente pensaste en esa escisión y te das cuenta de que tiene razón. Nunca volviste a ver tu sombra desde hace mucho tiempo. Siempre intercedida por distintas cosas.

2 comentarios:

  1. esta "madrugada" de 14 de abril sera recordada por mi como una escena titulada: Empecé y eso pasó.
    Porcierto que, fascinante e inquietante tu locura mate!

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  2. http://www.youtube.com/watch?v=pMYdmMKNv1w

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