martes, 10 de mayo de 2011

Aún puedes arruinar mi día

La conocí en un viaje en camión. Ella iba a Mazatlán yo a Hermosillo. Es algo raro, los encuentros más azarozos suelen ser los más edificantes. El camión iba semivacío y aún con la mayoría de los asientos disponibles, los dos mantuvimos con rigor militar los números que sugerían nuestros boletos. 13A para mí y 13B para el suyo. Cuando yo subí al autobus ella ya estaba sentada. Inmediatamente los dos sonreímos de forma cordial, como dos conocidos de toda la vida.

El camión se movía. El paisaje urbano era una continua exploración del vacío de nuestras existencias. Ella no hablaba. Bebía mucho de una caja de jugo Jumex de piña.

-Piña para la niña- le dije, de manera idiota.
Ella rió, no sonrío, rió.
- ¿Quieres? tiene vodka.

Ahora yo reía de manera nerviosa.

-Me llamo Omar-.
-Hola, Omar. ¿Quieres o no?

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