jueves, 16 de junio de 2011

Las mujeres y lo efímero:sentido estético de mi vida I

La tragedia de todo hombre puede ser reducida en dos grandes grupos: el tiempo y las mujeres. Cada concepto-sí, la mujer pese a su voluptuosidad se entiende mejor como idea- puede marcar de manera absoluta una vida. Pero son sus relaciones entre sí(el tiempo y las mujeres) la que llevan al hombre a un estado perpetuo de angustia, desesperación y nostalgia trágica.

Cada hombre carga con un destino que aún no logro dilucidar si es por voluntariedad o por carga divina o azarosa. Mi sino con las mujeres es el de la brevedad, signo incombustible que no hace sino repetirse.El tiempo y las mujeres relacionándose para acabarme. Podría ejemplificar pero me perdería en un río de recuerdos que abrirían heridas anacrónicas que, al menos, ya estaban en un punto borroso, casi ajeno a mi memoria.

Lo que sí es que puedo poner un caso arquetípico(por ser la figura que es). Mi madre. Fue una relación efímera. El tiempo aquí explora toda su relatividad y subjetividad. 21 años 10 meses la conocí. Pero la relación madre-hijo es la única que está sujeta a la permanencia histórica-de los tres tiempos- y siempre, siempre que uno parte, su presencia nos parece una fracción de tiempo, un ínfimo momento de una relación que jamás debió expirar. 21 años 10 meses(redondeando, en realidad fueron 21 años 9 meses 20 días). Y allí es donde uno reconoce su sino, su pecado y su penitencia al mismo tiempo. Su causa y su consecuencia, su modus vivendi y modus operandi. Como una simultaneidad, una aceleración de dos tiempos, de tres tiempos que nos parecen tan distantes. Como una paradoja continua.

Lo efímero de la mujer. La mujer de nuestra vida, vida como elemento del tiempo, como una línea en el espacio que se quema y que caduca, que hierve en un calor horrible y que morimos. El tiempo, tragedia final del hombre. La mujer, tragedia más importante que la final. Cada que reconocemos estos pasajes inexorables de nuestra condición de hombres, lo único que se puede hacer es adoptarla como sentido estético. Con rigor militar cumplir con los designios de nuestro pecado original, aceptar esta condición y dotarla de un significado puro, filosófico y estético.

La poesía de lo efímero, fin último para los que no queremos contradecirnos, para los que aceptamos esto como algo inherente a nuestro propio ser-rehusarse es vivir lo distópico como utópico-, a nuestra propia esencia. ¿Rebelarse?un ejercicio infantil, idiota, optimista. El sentido estético no responde a la heroica populacha, responde al martirio más puro, más elevado: vivir el calvario del pecado con belleza. Vivir lo efímero como una tragedia común, diaria.






No hay comentarios:

Publicar un comentario