miércoles, 29 de junio de 2011

Llévate contigo mis heridas.


Creo que esto de escribir es terapéutico. Aún no consigo olvidarte, has pasado de ser un recuerdo constante a ser una patología incurable. El día que te fuiste te dije que me amarraras hasta que no escucharas mis gritos. No sé qué te impulsó a dejarme. Aún hoy me lo sigo preguntando.

Tenías marcado en tus ojos un sello de la eternidad que sólo se activaba cuando estábamos juntos. Eso me lo dijiste tú. Yo te creí sin reparo alguno,entregado totalmente a ti. Tengo que escribir del día en que desapareciste, es una necesidad que no admite posponer.

Siempre he sido firme a la idea de que la mujer es el único motor de la historia. Todo lo de las teorías marxistas, hegelianas y demás son una palabrería brillante pero alejada de la realidad palpable. Y tú, al menos en mi historia eres ese motor y no sólo eso, sino que eres también la finalidad. Mi finalidad. Quedarme contigo cuando me canse del mundo,cuando me canse del final de lo que ocurre. Pero te fuiste, te fuiste para siempre. Y llore lo que llore, grite lo que grite, no volveré a verte.

Por eso me quemo todo cuando recuerdo tus palabras. No sé si fueron las últimas, mi memoria se transtorna cuando recuerdo esos días, ese infierno vivo en el que nos sumergimos.

- Me van a olvidar pronto.

Hay dos cosas que me hace perder la razón cuando recuerdo esas palabras moribundas. La primero es si no tengo miedo por tu voz profética, y que esas palabras se cumplan como pesos muertos, como espadas de Dámocles en una realidad que no puedo manejar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario