Quizá no sea el momento indicado para contar esto. No lo sé, vivo en una eterna indecisión, creo que eso fue lo que me arrastró a este punto. Soy una persona de muchas soledades, es cierto; alguna vez una maestra me lo dijo: "todas las personas, en un momento u otro atravezamos las distintas fases de la soledad pero tú, tú vives con distintas soledades; no sé cómo no te has suicidado".
No recuerdo qué le respondí, he llegado a la conclusión que las lagunas de mi memoria, la incapacidad de ésta para guardarse esos momentos crean un ambiente para eso que describió mi maestra. No sé si me explico: cuando uno tiene una memoria normal, con una capacidad normal, no puede vivir con soledades simultáneamente(aquí pongo en duda a qué se refería ella cuando me dijo fases y muchas, palabras claves) porque los recuerdos hacen, imitan o llenan las vivencias y las presencias. Pero eso no tiene ningún sentido para mí, es como si mi pasado se reescribiera y no por mí sino por los demás.
En fin, la historia nace como consecuencia a la estulticia de la carne, y no me malinterpreten, creo que la carne(el cuerpo) es lo que nos hace ser nosotros. Vivir para sentir, eso es en su capa más elemental, la más básica de las respuestas. Y ella lo sabía y me lo hacía saber. Nunca mencionó nada de mis soledades, al contrario, las ahuyentaba.
Ahora sé que no me amó y lo que es peor, que se contagió de lo que es mío, me asaltó y me corrompió. Hizo que olvidara mis soledades(en plural) y que paseara con ella, solo, vaya ironía, yo sin mis soledades. Solía tocar en su piano aquella canción de Mingus, Myself when I'm real.
La tengo grabada(de lo poco que me acuerdo de esos detalles que van dando forma a las relaciones humanas) y no porque significara algo preciso(nunca me la dedicó, sólo la tocaba una y otra vez) sino porque es música, y la música, si te llega a golpear es imposible olvidarla(como a las soledades, por más que las ignores). Y siempre pensé que esa agónica melancolía era una alegoría de nosotros, sí, me veía a ella y a mi como algo abstracto, ajeno a ese entendimiento común del mundo, ta práctico, tan literal, tan vulgar.
Una vez, ya al final de los días o mejor dicho, nuestros días; me dijo que por qué la veía a ella como un símbolo. Pensé que es lo más importante que se le puede decir a alguien, mitificarla, exponer todo lo que ella encierra lejos del horror de lo real. Un símbolo representa algo, algo que no nos compete. Se quedó callada y se puso a tocar a Mingus, lo tocaba con rabia, improvisaba(algo impensado en ella) con cierto desdén a lo que era Mingus.
Entonces paró en seco en el momento álgido de la canción.
- Mingus es un símbolo, esta canción es un símbolo, ese libro que estás leyendo es un símbolo. Que tú me conviertas en eso, sólo porque a ti te place, sólo porque tú crees que es halagador es absurdo. Me podrías describir con una metáfora, me podrías hacer una sinécdoque, convertir en un tropos, en un cronopio, incluso, pero nunca me digas que soy un símbolo. Un símbolo es general, no para un idiota que rehuye del amor.
Volvió a tocar, justo dónde se había quedado. El mudismo de la situación, la furia de su cuerpo y la cercanía de su voz, algo que nunca había visto me hicieron desearla, me hicieron convertirla en un ente inmortal que sólo a mí me correspondía juzgar. Entonces pasó.
- No soy un símbolo-volvió a decir. Sus palabras habían perdido vitalidad, el brillo de marabunta que minutos antes habían tenido. Volvió a convertirse en algo con fecha de caducidad, convertida en una lata de conservas en algún supermercado más. Esa promesa de amenaza mortal se diluyó y quedó resquebrajada en un solo reflejo: ella y su piano.
Yo soñaba con algo abstracto y nuestros cuerpos lo hacían realidad. Por eso me desesperé cuando vi que ella no me entedía, cuando ella interpretaba mis gestos(en realidad no son míos, no son de nadie) como un acto de cobardía, como una populacha forma de alejarme de ella de forma elegante. Allí supe que no me amaba.
jueves, 11 de agosto de 2011
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