lunes, 16 de abril de 2012

Es el departamento que está al fondo a la derecha del tercer piso. Tiene por número el 22. La puerta está desgastada, después de todo es un edificio viejo en una de las zonas que más se han resistido a las renovaciones. 
El departamento está alfombrado, una incontable cantidad de polvo sale disparada tras cada pisada y se forman pequeñas nubes imperceptibles para el ojo humano. Un pequeño comedor de madera barata y con aspecto de no haber sido lijado está en el centro. 4 sillas rústicas, con las patas gruesas están perfectamente puestas. Hay un jarrón en el centro de la mesa de color azul-como la alfombra-, no tiene ningún diseño y tampoco tiene flores.
En una de las paredes-todas blancas- está colgado un cuadro. Parece un óleo de una batalla ficticia del 68 en Tlatelolco. Dos siluetas un tanto amorfas lanzan piedras a una torre que en su cima sostiene a lo que parece ser Echeverría. El marco del cuadro es negro y de metal. 
Un estrecho pasillo sirve de guía para el resto del departamento. La cocineta, sin puerta, está acompañado de un lavabo y el boiler. Es el único lugar de la casa que no tiene alfombra. El mosaico es amarillo claro y tiene rombos. Dos pasos por el pasillo te conduce a un pequeño baño. Y al fondo está el cuarto. Allí sólo está un colchón. En él, está acostado un hombre de unos 28 años. Duerme. Sólo lleva unos calzoncillos. A un lado de él, maltrecho, reside un libro. Es de la editorial Seix Barral, sólo se puede leer "terminar nada".


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